A Xilene con el corazòn en mis pensamientos
Me hablabas y no podía entender tu lenguaje,
pero en mi corazón latía una hermosa canción indecible.
Sòlo tù y yo, pequeña magnificencia, criatura de Dios
conocimos el nacimiento de la mañana.
Amiga mìa, ¡qué basura me reclamas!
Si tan sòlo en mis madrugadas silenciosas
he dejado los desperdicios de las palabras que se desparraman
en aquel rincòn solitario, libertador de almas.
¡Vanidad de vanidades! Viven para morir
pudiendo morir para vivir,
acaso no es esto ùltimo el deleite...
de la eternidad.
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