Algunas vez alguien dijo: "lo escrito, escrito está", por eso hoy escribo para que cada letra tenga espíritu de vida. Escribo para recordar, escribo para sentirme viva, escribo para conectar desde lo más profundo a mi corazón con mis pensamientos; como diría cortázar "Trilce","Trilce" es el sabor que me deja el pretérito espumado. Escribo para convencerme que este momento existe, escribo para explicarme lo que siento, escribo y sin darme cuenta reescribo, sí, pues encima de esta letra ya está escrito la más sincera determinación y sentimiento que me motiva a dejarla inmortal. Pensarás que te escribo, sí a tí que estás delante de mí, pero sólo he escrito para comunicarme con mi alma. Me he adueñado del poder de la palabra para declarar que hoy escribo para nunca más dejar morir cada instante de mi vida.
domingo, 26 de diciembre de 2010
domingo, 2 de mayo de 2010
Creces
Creces sin darme cuenta
creces en el alba, en el crepúsculo.
Llenas de suspiro mi vientre y
de música de alas mi pecho.
Crece y quiere seguir creciendo
sòlo, sòlo si tú lo dejas PADRE!
lunes, 19 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
A vos
Escribo humildes versos al viento,
a la noche, a la soledad y... ¿A vos?
...A vos no puedo...
La pluma busca tinta en mi corazón
y ya no encuentra...¡Ya no!
¡El tiempo se la ha bebido toda!
Ausente
Dónde estás... Dónde estás...
Sólo el aroma de tu sombra a venido a verme.
Ahora, tu ausencia recorre mi cuerpo
mi alma respira con aire fúnebre tu partida
y aunque en mis sueños vives como nunca
Lejosss... lejosss estoy de tenerte.
viernes, 19 de marzo de 2010
Añoranza
A la mujer que amo
Què estarás haciendo ahora, mujer besada por los años.
Hilando sueños o quizàs,
viviendo el presente del pasado:
enterrando silencios o despertando ocasos que nunca volverán
Estàs tan distante...
Tanto te añoro en esta noche frìa en que sopla la luna...
tanto te anhelo y...
Estás tan lejos mujer.
miércoles, 17 de marzo de 2010
CUATRO VERSOS
Para tì que me susuras a travès del viento
Escribo estos versos para que se los lleve el viento,
escribo para que me escuches
escribo para que lleguen a tì
escribo, simplemente escribo.
VERSOS EN LA AURORA
A Xilene con el corazòn en mis pensamientos
Me hablabas y no podía entender tu lenguaje,
pero en mi corazón latía una hermosa canción indecible.
Sòlo tù y yo, pequeña magnificencia, criatura de Dios
conocimos el nacimiento de la mañana.
Amiga mìa, ¡qué basura me reclamas!
Si tan sòlo en mis madrugadas silenciosas
he dejado los desperdicios de las palabras que se desparraman
en aquel rincòn solitario, libertador de almas.
¡Vanidad de vanidades! Viven para morir
pudiendo morir para vivir,
acaso no es esto ùltimo el deleite...
de la eternidad.
HABLEMOS DEL CUENTO
En esta oportunidad hago alusión a mis modestas reflexiones sobre el cuento desde la perspectiva como lectora. Mi punto de partida es desde las composiciones de Horacio Quiroga y por consiguiente de otros escritores que por diversas razones siempre recuerdo. Empiezo diciéndoles que no pretendo mostrarles un acervo teórico sobre la conceptualización del género, sino más bien, ciertos indicios de lo significativo de un cuento.
El cuento como la literatura misma, no puede encasillarse en modelos teóricos, pues escribir va más allá de las estructuras y tecnicismos; si por fuerza mayor tengo que definirlo, pienso que el cuento es una captación de un instante de la vida, es una fotografía de la realidad o transgresión de la misma. El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Este se escribe para narrar acerca de la gente, para mostrar al hombre en su constante lucha con su propio corazón, con el corazón de otros, para narrar los problemas de la condición humana.
Nunca se sabe con certeza dónde un género empieza o termina. Hay cuentos que piden ser novelas, hay cuentos largos, cuentos cortos. El cuento “El matadero” de Esteban Echeverría, reconocido hoy día como el primer cuento hispanoamericano, en cierto momento es catalogado por algunos críticos como novela por la complejidad de su estructura y su sincretismo estético; hay cuentos cortos muy cortos, quizás de una idea como el cuento del “Dinosaurio” del Guatemalteco Augusto Monterroso que dice así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” o como “Fecundidad” donde el autor, relata al personaje que se siente muy bien, como un Balzac, quizás representando la comedia humana, terminando la última línea; hay otros cuentos que son más largos, como algunos de Charles Dickens que pasan las noventa páginas. De manera que no podemos decir que un cuento es aquel que no excede de una página, dos o tres. Sin embargo, este tiene un carácter sintético en contraste con la novela que se extiende en el papel. Además, el cuento no discurre sobre cuestiones abstractas, no es una tarima para discursear sobre problemas psicológicos, filosóficos o sociopolíticos, como sí lo permite la novela; por su extensión responde a unas condiciones de una época, es de esta manera una parodia de la realidad, desde ella nos presenta lo dialógico, un acercamiento al otro, a lo cultural, al hombre, a la filosofía, al psicoanálisis a la historia. Incluso ésta permite integrar otros géneros: un ejemplo claro es la novela de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha.
Ahora bien, expongo otra apreciación sobre el cuento hace poca aprehendida en mi curso de literatura: No hay cuento malo ni bueno, como tampoco hay literatura buena o mala, simplemente hay literatura, hay cuento. Quizás lo que pasa es que no se le hace el debido tratamiento que debe dársele. Les explico: no es el tema lo que hace que un cuento sea “malo”, pues desde uno trivial y cotidiano como los utiliza Chejov se hace un significativo cuento; tampoco es “malo” por sus personajes, el mismo escritor los hace más relevantes que la misma historia, simplemente es su tratamiento. Pero en qué radica que el cuento sea significativo, que sea un cuento que trascienda, que no se quede enmarcado como un cuento de color local o regionalista, sino que sea un cuento con vida propia, logrado, universal. Esto es precisamente lo que el maestro de maestros, Horacio Quiroga a través de sus composiciones de cuento nos enseña.
Pienso que Quiroga es un escritor que nunca se aburrió escribiendo, porque sus lectores tampoco se aburren leyendo. El elogio de sus cuentos está en que sabe contarlos: transmite efecto, pasión, suspenso y todo gracias a la totalidad que logra en el cuento; desde un adjetivo hasta la caracterización de un personaje es pertinente. En Quiroga, los cuentos son la realidad de nuestra época disfrazada de selva, de locura, de amor, de muerte; está teñida de la universal condición del hombre, nada de lo humano le es ajeno. El cuento en este escritor, surge de un ambiente espinoso, salvaje, de la adversidad y desde allí configura y realza al género. A través de sus composiciones decimos que el cuento es la vida misma reconstruida, en tanto que la escritura se convierte en ese constante desafío en que nos sumerge la realidad; es esa manera singular de registrar las experiencias vividas y la visión del mundo. Por ejemplo observamos que desde “Los mensú” o el mismo “Nuestro primer cigarro” son cuentos que tienen algunos elementos autobiográficos, los cuales representan ese cúmulo de vivencias que presenció el escritor en la selva, en Misiones y quizás también esa pasión por las aventuras que desde su infancia lo caracterizó y que por consiguiente sirven de apoyo para la consolidación de su oficio como escritor.
Existe una constante en los temas que se desarrollan en las historias de los cuentos. Tenemos que en la mayoría de estos, siempre encontramos temas básicos y universales como el amor, la vida y la muerte. Ahora, en Quiroga no sólo encontramos estos temas, sino también otros como el horror, la crueldad, la locura, la selva, y la omnipotencia de la naturaleza que se deriva de esa propuesta civilización-barbarie.
Bueno, pero acaso estos temas en otros escritores también no han sido trabajados; sí, pero realmente la diferencia en Quiroga y otros escritores de su misma talla es que logran hacer de estos temas en los cuentos, temas significativos. Esta idea de significación, sólo tiene sentido si la relacionamos con la intensidad y la tensión, que ya no hace referencia sólo al tema sino también al tratamiento literario de este tema, a la técnica empleada para desarrollarlo. En Quiroga tenemos varios que nos muestran esa intensidad y esa tensión en el cuento, por ejemplo “El almohadón de pluma”, desde los primeros párrafos el autor nos describe con cierta cautela a los dos personajes: Jordán y Alicia, luego empieza a describirnos el ambiente en que se mueven y desde ese momento le sugiere al lector la fatalidad, no sin antes mantenernos en suspenso, en tensión en el desarrollo de la historial y al final nos lleva hacia un sorpresivo desenlace. Pero quizás, donde aun más se ve esta fuerza de composición y de un cuento bien logrado es en “A la deriva”: el alma del lector se encuentra sometida a la voluntad del autor; desde las primeras líneas el autor capta la impresión del lector: “El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura del pie”. Es magistral cómo esta frase mantiene concentrado al lector, se despierta en él, la curiosidad de saber qué animal mordió al hombre, se muere o no se muere el hombre, qué es lo que pasa a posteriori. Con un comienzo así como este y un final bien cuidado, el cuento tiene muchas posibilidades de trascender. El mismo Quiroga lo dice en una oportunidad en uno de sus artículos que las tres primeras eran tan importantes como las tres últimas. En “A la deriva” todo hace parte de una totalidad: la creación del personaje, el ambiente donde se mueve ese personaje y el por último la forma como el autor hace hablar ese personaje, constituyen tres puntos clave para lograr una historia bien contada.
Ahora pienso en algunos cuentos de otros escritores que aún me trasnochan, que siguen vivos como un corazón delator: Estos comparten las mismas peculiaridades de tratamiento literario que los cuentos de Quiroga. Estos escritores consiguen atrapar al lector, a través de un estilo basado en la intensidad y la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se armonizan, sin la menor concesión, al tema, a la trama, que la da su forma visual y auditiva penetrante y auténtica. Es por esto, que un cuento así, no se agota con la primera lectura, sino que por el contrario se inmortaliza en cada leída. Ninguno de ustedes olvida “William Wilson”, “El corazón delator”, “El barril de amontillado”, de Edgar Allan Poe o “El gato bajo la lluvia” y “Asesinos” de Ernest Hemingway; en ellos hay un poder inmerso, extraordinario que mantiene nuestra alma ligada a la historia. Por ejemplo en “El barril de amontillado” esa intensidad y tensión se logra con la brusca prescindencia de toda descripción del ambiente. A la tercera o cuarta frase estamos suspendidos en el corazón del drama, en el cual asistimos a una implacable venganza. Al igual que en “Los asesinos” esta intensidad se logra mediante la eliminación de todo lo que no sea pertinente en el drama. Se hace necesario dejar en claro que la intensidad y la tensión que logran estos escritores en sus cuentos no se deben a la índole de temas que manejan, pues en temas sencillos, cotidianos y hasta baladíes como suele hacerlo Chejov, se logra tal totalidad en el cuento. El escritor ruso compone sus cuentos con incidentes comunes, al parecer triviales, cuyos finales se deslizan quedamente, sin estridencias ni golpes efectistas. A menudo nada especial pasa en estas historias, son temas de la vida común: por ejemplo en “Vañka” el personaje Vañka Zherkov le escribe una carta quejosa al abuelo; en “Tifus” un hombre se enferma de fiebre y luego se recupera o en “bromita” se relata las aventuras que dos niños hacen en su infancia. Realmente en Chejov la significación de sus cuentos va más allá de una simple anécdota. De esta manera, en Chejov y en la mayoría de los escritores de cuento en general, la brevedad e intensidad son elementos esenciales para producir la excitación en el lector, producto de la tensión que culmina en el placer, en la satisfacción del intelecto.
Un cuento puede abordarse, según le interese al escritor desde el personaje, una anécdota o la ubicación del ambiente. Observamos que para Quiroga al igual que Poe es muy importante el ambiente en sus cuentos, ya que construye la atmósfera a pertinente para sus cuentos. Mientras que en Chejov o en Kafka, el centro de interés son sus personajes se hacen notar más que todo lo demás, más que su tejido narrativo.
Los personajes de Quiroga no constituyen personalidades fuera de serie, que poseen virtudes o defectos extraordinarios o que reúnen características inusuales. En la creación de sus personajes los transmite como gente de carne y hueso, que tienen vida propia. Son hombres y mujeres comunes y corrientes: obreros, joyeros, padres, campesinos; al trazarlos así, Quiroga quiere demostrar que lo que a ellos les sucede puede sucederle a cualquiera.
Son, de alguna manera, representación de millones de seres que en la vida real enfrentan las mismas situaciones y los mismos misterios que sustentan los cuentos de Quiroga, que aunque repletos de fantasmales invocaciones a lo fantástico y lo sobrenatural, están impregnados siempre de una esencia tangible y verídica de la cual se nutren.
Quizás falte mucho que leer y por consiguiente mucho que escribir acerca de lo que es el cuento cómo género y de la fecundidad de sus representantes. Sin embargo, es grato reconocer que gracias al maestro Quiroga, el cuento en Hispanoamérica dejó de ser el género fácil y de menosprecio para convertirse en uno de los géneros más exigentes. También reconocer que gracias a las influencias literarias de este escritor como Poe, Chejov, Maupassant y Kipling, purifica aun más el género en la experiencia de sus propios símbolos e imágenes literarias.
El cuento como la literatura misma, no puede encasillarse en modelos teóricos, pues escribir va más allá de las estructuras y tecnicismos; si por fuerza mayor tengo que definirlo, pienso que el cuento es una captación de un instante de la vida, es una fotografía de la realidad o transgresión de la misma. El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Este se escribe para narrar acerca de la gente, para mostrar al hombre en su constante lucha con su propio corazón, con el corazón de otros, para narrar los problemas de la condición humana.
Nunca se sabe con certeza dónde un género empieza o termina. Hay cuentos que piden ser novelas, hay cuentos largos, cuentos cortos. El cuento “El matadero” de Esteban Echeverría, reconocido hoy día como el primer cuento hispanoamericano, en cierto momento es catalogado por algunos críticos como novela por la complejidad de su estructura y su sincretismo estético; hay cuentos cortos muy cortos, quizás de una idea como el cuento del “Dinosaurio” del Guatemalteco Augusto Monterroso que dice así: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” o como “Fecundidad” donde el autor, relata al personaje que se siente muy bien, como un Balzac, quizás representando la comedia humana, terminando la última línea; hay otros cuentos que son más largos, como algunos de Charles Dickens que pasan las noventa páginas. De manera que no podemos decir que un cuento es aquel que no excede de una página, dos o tres. Sin embargo, este tiene un carácter sintético en contraste con la novela que se extiende en el papel. Además, el cuento no discurre sobre cuestiones abstractas, no es una tarima para discursear sobre problemas psicológicos, filosóficos o sociopolíticos, como sí lo permite la novela; por su extensión responde a unas condiciones de una época, es de esta manera una parodia de la realidad, desde ella nos presenta lo dialógico, un acercamiento al otro, a lo cultural, al hombre, a la filosofía, al psicoanálisis a la historia. Incluso ésta permite integrar otros géneros: un ejemplo claro es la novela de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha.
Ahora bien, expongo otra apreciación sobre el cuento hace poca aprehendida en mi curso de literatura: No hay cuento malo ni bueno, como tampoco hay literatura buena o mala, simplemente hay literatura, hay cuento. Quizás lo que pasa es que no se le hace el debido tratamiento que debe dársele. Les explico: no es el tema lo que hace que un cuento sea “malo”, pues desde uno trivial y cotidiano como los utiliza Chejov se hace un significativo cuento; tampoco es “malo” por sus personajes, el mismo escritor los hace más relevantes que la misma historia, simplemente es su tratamiento. Pero en qué radica que el cuento sea significativo, que sea un cuento que trascienda, que no se quede enmarcado como un cuento de color local o regionalista, sino que sea un cuento con vida propia, logrado, universal. Esto es precisamente lo que el maestro de maestros, Horacio Quiroga a través de sus composiciones de cuento nos enseña.
Pienso que Quiroga es un escritor que nunca se aburrió escribiendo, porque sus lectores tampoco se aburren leyendo. El elogio de sus cuentos está en que sabe contarlos: transmite efecto, pasión, suspenso y todo gracias a la totalidad que logra en el cuento; desde un adjetivo hasta la caracterización de un personaje es pertinente. En Quiroga, los cuentos son la realidad de nuestra época disfrazada de selva, de locura, de amor, de muerte; está teñida de la universal condición del hombre, nada de lo humano le es ajeno. El cuento en este escritor, surge de un ambiente espinoso, salvaje, de la adversidad y desde allí configura y realza al género. A través de sus composiciones decimos que el cuento es la vida misma reconstruida, en tanto que la escritura se convierte en ese constante desafío en que nos sumerge la realidad; es esa manera singular de registrar las experiencias vividas y la visión del mundo. Por ejemplo observamos que desde “Los mensú” o el mismo “Nuestro primer cigarro” son cuentos que tienen algunos elementos autobiográficos, los cuales representan ese cúmulo de vivencias que presenció el escritor en la selva, en Misiones y quizás también esa pasión por las aventuras que desde su infancia lo caracterizó y que por consiguiente sirven de apoyo para la consolidación de su oficio como escritor.
Existe una constante en los temas que se desarrollan en las historias de los cuentos. Tenemos que en la mayoría de estos, siempre encontramos temas básicos y universales como el amor, la vida y la muerte. Ahora, en Quiroga no sólo encontramos estos temas, sino también otros como el horror, la crueldad, la locura, la selva, y la omnipotencia de la naturaleza que se deriva de esa propuesta civilización-barbarie.
Bueno, pero acaso estos temas en otros escritores también no han sido trabajados; sí, pero realmente la diferencia en Quiroga y otros escritores de su misma talla es que logran hacer de estos temas en los cuentos, temas significativos. Esta idea de significación, sólo tiene sentido si la relacionamos con la intensidad y la tensión, que ya no hace referencia sólo al tema sino también al tratamiento literario de este tema, a la técnica empleada para desarrollarlo. En Quiroga tenemos varios que nos muestran esa intensidad y esa tensión en el cuento, por ejemplo “El almohadón de pluma”, desde los primeros párrafos el autor nos describe con cierta cautela a los dos personajes: Jordán y Alicia, luego empieza a describirnos el ambiente en que se mueven y desde ese momento le sugiere al lector la fatalidad, no sin antes mantenernos en suspenso, en tensión en el desarrollo de la historial y al final nos lleva hacia un sorpresivo desenlace. Pero quizás, donde aun más se ve esta fuerza de composición y de un cuento bien logrado es en “A la deriva”: el alma del lector se encuentra sometida a la voluntad del autor; desde las primeras líneas el autor capta la impresión del lector: “El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura del pie”. Es magistral cómo esta frase mantiene concentrado al lector, se despierta en él, la curiosidad de saber qué animal mordió al hombre, se muere o no se muere el hombre, qué es lo que pasa a posteriori. Con un comienzo así como este y un final bien cuidado, el cuento tiene muchas posibilidades de trascender. El mismo Quiroga lo dice en una oportunidad en uno de sus artículos que las tres primeras eran tan importantes como las tres últimas. En “A la deriva” todo hace parte de una totalidad: la creación del personaje, el ambiente donde se mueve ese personaje y el por último la forma como el autor hace hablar ese personaje, constituyen tres puntos clave para lograr una historia bien contada.
Ahora pienso en algunos cuentos de otros escritores que aún me trasnochan, que siguen vivos como un corazón delator: Estos comparten las mismas peculiaridades de tratamiento literario que los cuentos de Quiroga. Estos escritores consiguen atrapar al lector, a través de un estilo basado en la intensidad y la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se armonizan, sin la menor concesión, al tema, a la trama, que la da su forma visual y auditiva penetrante y auténtica. Es por esto, que un cuento así, no se agota con la primera lectura, sino que por el contrario se inmortaliza en cada leída. Ninguno de ustedes olvida “William Wilson”, “El corazón delator”, “El barril de amontillado”, de Edgar Allan Poe o “El gato bajo la lluvia” y “Asesinos” de Ernest Hemingway; en ellos hay un poder inmerso, extraordinario que mantiene nuestra alma ligada a la historia. Por ejemplo en “El barril de amontillado” esa intensidad y tensión se logra con la brusca prescindencia de toda descripción del ambiente. A la tercera o cuarta frase estamos suspendidos en el corazón del drama, en el cual asistimos a una implacable venganza. Al igual que en “Los asesinos” esta intensidad se logra mediante la eliminación de todo lo que no sea pertinente en el drama. Se hace necesario dejar en claro que la intensidad y la tensión que logran estos escritores en sus cuentos no se deben a la índole de temas que manejan, pues en temas sencillos, cotidianos y hasta baladíes como suele hacerlo Chejov, se logra tal totalidad en el cuento. El escritor ruso compone sus cuentos con incidentes comunes, al parecer triviales, cuyos finales se deslizan quedamente, sin estridencias ni golpes efectistas. A menudo nada especial pasa en estas historias, son temas de la vida común: por ejemplo en “Vañka” el personaje Vañka Zherkov le escribe una carta quejosa al abuelo; en “Tifus” un hombre se enferma de fiebre y luego se recupera o en “bromita” se relata las aventuras que dos niños hacen en su infancia. Realmente en Chejov la significación de sus cuentos va más allá de una simple anécdota. De esta manera, en Chejov y en la mayoría de los escritores de cuento en general, la brevedad e intensidad son elementos esenciales para producir la excitación en el lector, producto de la tensión que culmina en el placer, en la satisfacción del intelecto.
Un cuento puede abordarse, según le interese al escritor desde el personaje, una anécdota o la ubicación del ambiente. Observamos que para Quiroga al igual que Poe es muy importante el ambiente en sus cuentos, ya que construye la atmósfera a pertinente para sus cuentos. Mientras que en Chejov o en Kafka, el centro de interés son sus personajes se hacen notar más que todo lo demás, más que su tejido narrativo.
Los personajes de Quiroga no constituyen personalidades fuera de serie, que poseen virtudes o defectos extraordinarios o que reúnen características inusuales. En la creación de sus personajes los transmite como gente de carne y hueso, que tienen vida propia. Son hombres y mujeres comunes y corrientes: obreros, joyeros, padres, campesinos; al trazarlos así, Quiroga quiere demostrar que lo que a ellos les sucede puede sucederle a cualquiera.
Son, de alguna manera, representación de millones de seres que en la vida real enfrentan las mismas situaciones y los mismos misterios que sustentan los cuentos de Quiroga, que aunque repletos de fantasmales invocaciones a lo fantástico y lo sobrenatural, están impregnados siempre de una esencia tangible y verídica de la cual se nutren.
Quizás falte mucho que leer y por consiguiente mucho que escribir acerca de lo que es el cuento cómo género y de la fecundidad de sus representantes. Sin embargo, es grato reconocer que gracias al maestro Quiroga, el cuento en Hispanoamérica dejó de ser el género fácil y de menosprecio para convertirse en uno de los géneros más exigentes. También reconocer que gracias a las influencias literarias de este escritor como Poe, Chejov, Maupassant y Kipling, purifica aun más el género en la experiencia de sus propios símbolos e imágenes literarias.
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